martes, 13 de octubre de 2009

Martes y trece

Estoy llevando un martes y trece horrible.

El despertador del móvil ha sonado, como todos los laborables, a las 7:15. He tardado unos segundos en recordar que hoy tenía un día de vacaciones. Lo fijé en el día de hoy por si me animaba a bajar a Zaragoza en fiestas, para no coger la operación retorno del puente el día 12. He tenido que darme media vuelta, acomodar nuevamente el mullido edredón calentito y dormir una hora y cuarto más…

Fruta fresca y yogur de desayuno, una larga ducha de agua caliente, y a las nueve y media estaba listo y en camino del Museo Sorolla. Como hoy es martes, no había casi nadie en la casa, y podías moverte con total libertad, disfrutando del precioso estudio del pintor como si fuera de uno mismo. Estoy seguro de que en primavera los jardines de estilo andaluz e italiano son dignos de una visita. Una preciosidad por tan solo tres euros. Una vez más, he de hacer notar que el que no va a museos es porque no quiere.

De camino al metro, rodeado de edificios de oficinas, caminaba yo fumándome un pitillo, con cuatro pelos de sucio aspecto por no haberme afeitado en seis días, manos en los bolsillos de la cazadora, escuchando música. Me he cruzado con gente caminando apresurada, esperando taxis o bajando de ellos, fumando en puertas giratorias antes de volver a su mesa. Me he sentido como en Los lunes al sol, o lo que es lo mismo, un parado, solo que en martes.

He bajado hasta Lavapiés, a la Casa Encendida, para ver unas instalaciones de Thomas Hirschhorn que anunciaban en el periódico. Precio cero, no digo más. Si en el Museo Sorolla estaba casi solo, aquí no estábamos más que el segurata y yo. Es bastante lógico, ya que el suizo es menos conocido, y vista parte de su obra, menos amado. Instalaciones con maniquíes mutilados, torturados, travestidos; decorados con clavos, cinta aislante y espuma roja a modo de vísceras. Todo ello rodeado de fotos reales de formato medio, a todo color, de cuerpos desmembrados por la guerra o bien, si hace falta diferenciarlo, por cualquier otro crimen. He pasado la vista de reojo por ellas, incómodo, excepto por la primera, ya que me he la he tragado de sopetón, sin saber que aquello estaba allí. Era la foto de un hombre, he preferido pensar que un suicida, con la cabeza abierta como un higo maduro al caer al suelo, tomada de pie frente a la cabeza del tipo. El tipo estaba tumbado boca arriba, con lo que su rostro era totalmente reconocible, con una mueca torcida, boca y ojos abiertos. Como una mano semiabierta, la cara estaría situada en el dorso, y el resto de su cráneo, partido, a modo de dedos. Todo lo que contenía se desparramaba entre ellos, delante de los maniquís, y del espectador.


Tanta muerte y destrucción me ha abierto el apetito, así que he subido hasta Sol a tomarme un aperitivo: tinto de verano y tajada de bacalao en Casa Labra. Luego he ido a la Fnac y me he comprado tres discos, uno que ya tenía en el mp3, que me encanta, y dos nuevos a muy buen precio.

En casa, me he preparado arroz con setas y espárragos trigueros, y un par de chorizos que sobraron de la barbacoa que varios amigos hicimos ayer en la sierra. Como soy el que vive solo, me traje los chorizos y dos hamburguesas de ternera que sobraron, y que caerán entre la cena de hoy y la de mañana.

Me he echado una siesta de hora y cuarto, he visto una película que está en cartelera gracias al fantástico CineTube, con el consiguiente ahorro, y he estado leyendo hasta ahora con mis nuevos discos como música de fondo.

Como ya me habían advertido los astros, está siendo un martes y trece agotador.

domingo, 20 de septiembre de 2009

El día en que una cuerda fue mi bergantín


¡La vida pirata es la vida mejor!
(Coro) ¡La vida pirata es la vida mejor!
¡Sin trabajar!
(Coro)¡Sin trabajar!
¡Sin estudiar!
(Coro)¡Sin estudiar!
¡Cooon la botella de ron!
(Coro)¡Cooon la botella de ron!
¡Aquella muchacha que va por ahí!
(Coro)¡Aquella muchacha que va por ahí!
¡Que buena que está!
(Coro)¡Que buena que está!
¡Me la voy a tirar!
(Coro)¡Me la voy a tirar!
¡Cooon la botella de ron!
(Coro)¡Cooon la botella de ron!


Así anduvimos cantando unas dos horas por Madrid, con un pañuelo pirata en la cabeza, un globo con forma de sable y toda la tripulación rodeada por un cordel fosforito que hacía las veces de barco. Ayer era la noche en blanco, como en otras muchas ciudades de Europa, y las calles estaban llenas de actividades y, por extensión, de gente. Lo nuestro no tenía nada que ver con aquello. Era el cumpleaños de Javi.


Divididos en dos grupos, tras una introducción por parte de los capitanes piratas, ambas tripulaciones debían completar una serie de pruebas en su recorrido:


La primera: hacer ondear una bandera pirata en la puerta de Alcalá.

La segunda: cada miembro de la tripulación debía conseguir retratrase con un guiri en Puerta del Sol.

La tercera: conseguir un botín, sin usar la fuerza, de cinco navegantes de la calle Preciados.

Llegados a la Plaza de España, el objetivo era reclutar a cinco piratas más, para lo cual debían aprenderse y cantar la canción del pirata.

La prueba final, aprovisionarse de ron suficiente para disfrutarlos en el refugio, algo más al Norte de Islas Filipinas.

Además, en caso de encuentro con el barco enemigo, nuestro deber era abordarlo, aunque el resultado solamente fuera armar mucho jaleo. Todos dentro del cordel resulta, además, un espectáculo.

Si antes de ir me dicen que vamos a hacer esto, lo reconozco, va Rita, y a lo mejor un corte de mangas. Antes de salir siquiera del Retiro, nos cruzamos con la panda de la choni Jessica que nos dijo despectivamente "ay, míralos, qué divertido, de pirata, qué guay ¿eh?". Le jodimos las fotos en la Puerta de Alcalá a una pareja de novios: no veo cómo quedaría en el álbum de boda una foto color sepia (si sepia es un color) con Rodri y Puri, mirándose acaramelados, y al fondo 15 chumachos berreando con globo-sables rojos y azules. Uno jevatas nos dieron los cinco objetos del botín (juro que estuvieron a punto de darnos una pulsera con tachuelas). Los adolescentes mamados que conseguimos que cantaran con nosotros, se despidieron con un "que vivan los scouts". Acojonante. Cantamos en el metro, en Puerta del Sol, en Preciados, Callao, Gran Vía, Plaza de España y en el autobús. Era el día menos propicio para encontrarse con un conocido, pues te ves obligado a jurarle que esos no son tus amigos, pero a explicarle también que, mucho mejor, al único que conoces es al que lleva pañuelo, peluca, los ojos pintados y un sable de plástico.

lunes, 14 de septiembre de 2009

A por leprechauns!!


¡¡Ya tengo billete para ir a cazar leprechauns!!
(Aunque parece más fácil cazar gamusinos):

martes, 8 de septiembre de 2009

Si es bueno, yo juego

Hoy hace exactamente un año que empecé en mi actual trabajo, y el día 3 lo hizo desde que me instalé en mi piso en Madrid. También estuve aquí durante el mes de julio, pero como el curro duró más bien poco y como estuve en casa de Carla, cuento desde el día 3 de septiembre como mi instalación definitiva, y el 8, como el inicio de algo nuevo.

La gente todavía me sigue preguntando si tengo que ir con traje al trabajo ¿Es esa gilipollez lo más importante que se les ocurre preguntar? ¿Aporta eso algún tipo de información sobre el puesto, sobre mí tal vez?

Afortunadamente, sigue teniendo muchas cosas nuevas. En el día de hoy, como mi secreto regalo de aniversario, he tenido una reunión interna, con personal de otros departamentos, para sacar un papel con la posición común del grupo SANTA GRULA, en relación con una consulta de la Comisión Europea. Hoy era el último día de plazo para enviar el documento y era la reunión definitiva, con cuatro borradores anteriormente modificados. Una compañera y yo estuvimos redactando los borradores y coordinando las respuestas de otros departamentos, construyendo poco a poco una versión consolidada. A ella le había tocado hoy ir a Bruselas, mi otra compañera tenía bastante trabajo y mi jefa, a pesar de estar desbordada, ha bajado conmigo a la reunión, aunque principalmente como figurante, ya que no había podido leer apenas nada de lo que íbamos a tratar.

No sé si se me ve en la cara, pero creo que la gente piensa que llevo menos de un año (¡¡ya no!!), o que soy el becario. Me ha ocurrido durante un debate que cuando he intentado comenzar a hablar, otro ha levantado la voz mucho más alto y más rápido, obligándome a parar y a esperar otro turno. Al menos, cuando he podido hablar sin interrupciones mis comentarios han sido todos aprobados para satisfacción de mi jefa, que ha tenido que dejarme solo tras una llamada de su jefe y me ha pedido que me encargase de sacar el papel. Con su salida de escena, los presentes han de confiar en que un completo desconocido consolide el documento, y no todos parecían muy solícitos.

Han contactado con SANTA GRULA Francia, y nos han dictado un par de frases, en francés. Uno de los presentes me ha dicho que luego me pasaba la frase por correo. Olé, arsa, le he dicho que había tomado buena nota de ello, pero que para confirmarlo se lo leía, y se lo he leído. Bualá, mon fgansé. El tío me escuchaba con una sonrisa de oreja a oreja y yo me imaginaba a mí mismo haciendo la V con los dedos, aplaudido por una multitud de becarios.

Al finalizar la reunión, tras leerles la recapitulación de las últimas modificaciones y aceptarlas, uno de los presentes, jefe de algo, jefe de alguien, me ha dicho que el texto en inglés tenía muchos fallos de redacción, que me iba a mandar el último borrador con correcciones. El muy capullo lo ha dicho mientras nos enseñaba a todos una hoja a doble página y con los fallos marcados en rojo. Le he dado las gracias, qué podía hacer, y le he dicho que cualquier tipo de corrección siempre es bien recibida. Sobre ese papel han trabajado varias personas, y aparecen párrafos enteros míos, de mi compañera, y de tres personas más, pero soy yo al que le está haciendo quedar mal públicamente: Nostradamus, cabrón, me he quedado con tu cara.

Mañana llevare pasteles para celebrarlo, ya que mi compañera estaba hoy en Bruselas, y ella y mi jefa han sido mis pilares durante todo un largo año. Aun con todo, todavía me quedan muchas cosas que aprender.

Veremos este año.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Canícula

Hay dos cosas que llevo mal en Madrid.

La primera es el calor. Odio el calor. Haciéndolo extensivo, me atrevo a decir públicamente que no me gusta la playa, en general, refiriéndome sobre todo a esas playas abarrotadas, con grupos de adolescentes dando por saco, abuelas untándose crema, los chiringuitos con la radio, o con el que viene vendiendo latas, pulseras o conchas y caballitos de mar. Tampoco me apasionan las esculturas de arena con laca, al igual que las maquetas con cerillas o palillos: son la misma puta cosa, algo que te apetece romper delante del que lo ha hecho. Además está todo como una obra, manga por hombro, lleno de arena. La arena, hay dos tipos, la mala, llena de basura, palitos, piedritas, algas verdes y amarillas de tacto baboso, o algas negras y resecas. Hay colillas, a veces alguna medusa, algún resto de basura: no hago un castillo con esto ni con guantes. Y la arena buena, que engaña, porque es blanca y fina, y salvo la que está junto a la orilla, quema como brasas al pisarla descalzo. Lo que tienen en común, la arena buena y la mala, es que se te meten entre los dedos de los pies, en la raya del culo y en los… pura delicia.

En Madrid no hay playa, es cierto, pero hace un calor insoportable. El asfalto y las baldosas de la acera sueltan lametones de fuego. Yo, por mi parte, emano refrescantes regueros de sudor, que corren por mi nuca o por mis cejas. Al que en invierno te diga que está deseando que llegue el verano, por favor, tírale la copa a la cara, para que sepa cómo me siento yo en agosto. No pienso salir de casa si no ha empezado a anochecer.

La segunda, y esta la arrastro conmigo todo el año, es no tener mis discos aquí. Qué sí, que está Spotify, Youtube, Megaupload y lo que quieras, pero no me apetece descargarme los discos que tanto tiempo, dinero e ilusión me ha costado tener. Cada viaje a Zaragoza devuelvo alguno y me traigo otros, pero a los dos días pienso que tenía que haberme traído también éste o aquel. Ahora que evito salir de casa por las tardes (que no por las noches, que me tiene que dar el aire algún rato) me falta música. Siendo didáctico, eso es como que te falte cerveza. Tengo el ordenador lleno, pero eso es como tener cerveza caliente, no está mal, pero puede estar mejor.

sábado, 22 de agosto de 2009

Remember

Me ha dado por enredar en la página de yearbookyourself, por aquello de buscar un nuevo look, y he aquí los mejores resultados...
Pelo cepillo años 50. La 2ª guerra mundial y la bomba H nos empujan a ser fuertes y austeros:
Año 1954, como manager de Bill Haley & The Comets:
Look gafapastero años 60. Buddy Holly es la clase de hombre que quiero ser:


Mi canción favorita es Eleanor Rigby. Estamos en 1966 y con esa canción besé a Kimberly en mi Pontiac GTO por primera vez. Creo que me casaré con ella.


Dejé plantada a Kimberly y a la niña para ir a Woodstock el verano pasado. Últimamente he estado siguiendo a los Guess Who de gira. Vendí el coche para pagarme unas pirulas y una farra orgiástica: Quiero morir antes de llegar a viejo:

En los 70 me enganché y me desenganché varias veces, así que ahora soy un chico sensible que escucha Wham!. 1984:
La música de 1986 es la mejor de toda la historia y no imagino cómo se pudo tocar antes ninguna otra cosa que no fuera esto:

1990: Esta noche viene Nirvana a la ciudad. Me parece que es de los rockeros que nunca mueren:
El grupo revelación de 1992, Ocean Colour Scene. ¡Me encanta cómo visten!:

En 1996, he decidido que me va Blur. Oasis son demasiado violentos para mí:

Y no entiendo muy bien por qué, pero en el 2000 me dejé llevar y me cayeron estas pintacas:


Aunque nada comparado con las que llevaba con mi grupo de rock en 1986

Grupo que formé al dejar el equipo de rugby

y el de baloncesto. Siempre fui un atleta.

jueves, 20 de agosto de 2009

Werchter (II)

Me quedé en el primer día del Werchter hace cosa de mes y medio. En mi defensa diré que me he mantenido ocupado con múltiples avatares de gran relevancia, con lo que tuve que dejar el blog a un lado. He estado buscando la caja negra del avión A330-220 de Air France, el que desapareció en el Atlántico durante el vuelo de Río de Janeiro a París, buceando a pulmón, y claro, se me ha ido el santo al cielo. Al final, fue un desastre: cuando les dije, Mike, oye, lo dejo, I give up, que no encuentro nada, it’s very hard to find a black box in depth, allá abajo, as black as Diana Ross’ armpit, impossible, entonces van y me dicen que las cajas negras son de color naranja. Joder, Mike, que encontré una naranja el primer día, y ahora me dices que era ésa. Pues yo no bajo otra vez, que tengo limpets even on the arse, guapo, handsome. Y hasta ayer…

La verdad es que el Werchter (si a alguien sigue importándole, que para mí esto es como un flashback en color sepia y si sepia es un color) la verdad, decía, es que en cuanto a conciertos me pareció increíble. Entre lo más anecdótico, viendo el inicio del concierto de Coldplay, Rafa y yo nos confesamos mutuamente que Chris Martin nos da un poco de grima, puede que por envidia, tal vez, o puede que porque todo el mundo le ama, y está comprobado que esa gente nos repatea el higadillo, aunque creo que esto puede significar lo primero ¿envidia? El caso es que abandonamos el concierto que, posteriormente todos los españoles con los que fuimos coincidieron en que fue el mejor del festival, para ir a ver Lady Gaga a la carpa pequeña con un grupillo de conocidos. Con dos cojones. Rafa que quiere ver a Mastodon y yo a Oasis, en Lady Gaga. Gaga no sé, pero de Lady, vaya pintas de golfa. Nos lo pasamos como enanos, y resultó que conocíamos canciones y todo. Cómo no, Rafa volvió a incidir en que no sabemos bailar.



La otra anécdota: Conseguimos entrar en tropel a la zona de las primeras filas para ver Kings of Leon (después de Nick Cave: un conciertazo). Éste año, esa zona era un recinto vallado completamente, con control del número de personas, y para entrar había que esperar en una puerta lateral. Si conseguías entrar y la abandonabas, ya no se podía regresar. Cuando terminó Kings of Leon, la veintena de conocidos empezó a salir: quiero un birra, no conozco a lo siguientes y prefiero verlos más atrás, quiero ir al baño. Nos quedamos Rafa, su novia y yo. Nos habíamos jurado que yo iba con él a ver Kings of Leon en primera fila y él se quedaba en los siguientes conmigo: 2 many djs. La novia, que pertenecía al grupo que acababa de salir, necesitaba urgentemente ir a baño. Rafa tuvo entonces su dilema moral, y yo le dije que fuera con ella, que me quedaba solo, que ése era mi concierto. Rafa insistió en quedarse si era importante para mí, de verdad, que me quedo. La novia y yo nos mirábamos (ella se hacía pis y en aquel momento yo le habría meado en…) e insistí en que no me importaba verlo solo. Me quedé solo. Llegué a la valla de la primera fila, justo debajo de las mesas de mezclas del grupo. Quedaban 40 minutos de espera hasta el concierto, allí, como un abrazafarolas, más chuparme un concierto de electrónica en primera línea de fuego, first row, guy, tonight. Y qué concierto. Mmmm. Aquí llegó mi dilema. ¿Hago amigos aquí? ¿Bailo solo? ¿Me quedo sin bailar en 2 many djs? ¿Mato a los veinte que se han salido por perderse la primera fila del mejor concierto del festival? Me parecío que un grupo de flamencos que había a mi alrededor, mazados sin camiseta, apretujados, tenían los ojos golosos (o puede que ya se hubieran tomado algo). Estoy en la valla, PERO estoy SOLO en la valla. ¿Quién me asegura que mi integridad física no va a desintegrarse? En Madrid he engordado, pero eso no me hace ni más alto ni más fuerte. Venga, come on, vete a pedirte una Jupiler y a verlo desde la barrera, con tu gente, chaval, y que estos morlacos se maten por un tiro de M, shot of M.

El concierto (con sorpresa al final) :O



Rafa se quedó a mi lado, bailando, igual de mal que siempre, todo el concierto pero, secretamente, les habría quemado la tienda a todos por la noche. Ay…